Dolor me pauta, me guía
sin él no podría más que
hacer la lista de las compras
Dolor es más comunicativo
se expresa mejor
escribe a través de mi
describe las sensaciones y sabores
punzantes y metales
que me provoca su perenne presencia
Desde el dolor, sin embargo
y pese a él
logro placer y satisfacción
Pobre de mí
el día que ya no duela
seré feliz
pero no podré ser
lo que soy
Eres libre de entrar y salir cuando quieras, dejar tu comentario, tu aporte, tu crítica más dura o cínica,... lo único que no puedes es ser indiferente
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lunes, mayo 10, 2010
miércoles, marzo 10, 2010
Huesuda
Roce
de telas
antiguas
primitivas
Así
sugería
difusa
presencia
La busco
anhelante
sé que está
rondando
rodeándome
en vértigo
seductor
Sonrisa
perpetua
amarillenta
aliento
viejo
dulce
marfil
bajo telas
añejas
Nunca imaginé
placer
tan cálido
tan frío
rasgo
velo negro
deseoso
por fin toco
nudosa madera
asciendo
hasta
fríos
tarsos
Después
duro acero
fino
pero dulce
No demora
el éxtasis
mientras la
hoja se
hunde en
mi carne
de telas
antiguas
primitivas
Así
sugería
difusa
presencia
La busco
anhelante
sé que está
rondando
rodeándome
en vértigo
seductor
Sonrisa
perpetua
amarillenta
aliento
viejo
dulce
marfil
bajo telas
añejas
Nunca imaginé
placer
tan cálido
tan frío
rasgo
velo negro
deseoso
por fin toco
nudosa madera
asciendo
hasta
fríos
tarsos
Después
duro acero
fino
pero dulce
No demora
el éxtasis
mientras la
hoja se
hunde en
mi carne
sábado, noviembre 28, 2009
Como recién lustrado
Aquél cuero
brillaba
siempre,
negro azabache,
como
recién lustrado.
Fino,
cocido
prolijamente
por los bordes,
no tenía grietas,
ni quiebres,
y menos aún,
porosidades.
Ambos
extremos
remataban
en metal
que
nunca vi
ennegrecido
u opaco
por el roce.
Al igual
que
el cuero,
brillaba con
destellos
muy fuertes,
deslumbrantes
y algo hirientes.
Todas
las noches,
durante una hora,
su dueño
pasa pomada
y lustra
el cuero,
para
más tarde,
pulir
el metal
hasta
que brille
como
plata pura.
Ese cuero,
sobado
por el uso,
blando,
suave y
tierno,
a pesar
de la fría
presencia
plateada,
se volvía
duro,
cortante
y cruel,
cuando
se sacudía
y hacía vibrar
el bruñido
que
de esa manera
hería
cortaba
y hendía
la piel,
la carne,
los huesos.
Aquél
cinturón
del
que
se hacía
culto
a la perfección,
a lo pulcro,
todas las noches,
durante
una hora
era lustrado
y pulido
amorosamente,
de tal forma
que
jirones de piel
y carne,
manchas
de sangre,
y rastros
de marfil,
no
sobrevivieran
al
perverso fin
para
el cual
era
tan cuidado
Y así
pareciera
recién lustrado.
brillaba
siempre,
negro azabache,
como
recién lustrado.
Fino,
cocido
prolijamente
por los bordes,
no tenía grietas,
ni quiebres,
y menos aún,
porosidades.
Ambos
extremos
remataban
en metal
que
nunca vi
ennegrecido
u opaco
por el roce.
Al igual
que
el cuero,
brillaba con
destellos
muy fuertes,
deslumbrantes
y algo hirientes.
Todas
las noches,
durante una hora,
su dueño
pasa pomada
y lustra
el cuero,
para
más tarde,
pulir
el metal
hasta
que brille
como
plata pura.
Ese cuero,
sobado
por el uso,
blando,
suave y
tierno,
a pesar
de la fría
presencia
plateada,
se volvía
duro,
cortante
y cruel,
cuando
se sacudía
y hacía vibrar
el bruñido
que
de esa manera
hería
cortaba
y hendía
la piel,
la carne,
los huesos.
Aquél
cinturón
del
que
se hacía
culto
a la perfección,
a lo pulcro,
todas las noches,
durante
una hora
era lustrado
y pulido
amorosamente,
de tal forma
que
jirones de piel
y carne,
manchas
de sangre,
y rastros
de marfil,
no
sobrevivieran
al
perverso fin
para
el cual
era
tan cuidado
Y así
pareciera
recién lustrado.
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